Olivo demasiado frondoso, pocas aceitunas: poda primaveral antes de finales de abril para recuperar la cosecha

Cuando el olivo tiene demasiadas hojas y pocas aceitunas

Hay algo que desconcierta a muchos olivicultores, tanto aficionados como con experiencia: un olivo exuberante, lleno de ramas y follaje, que sin embargo produce muy pocas aceitunas. La explicación, aunque no siempre evidente, suele estar relacionada directamente con la falta de una poda adecuada y realizada en el momento justo.

Cuando el árbol desarrolla una copa demasiado densa, la luz solar no logra penetrar hasta el interior de la estructura. Y sin luz suficiente, la planta simplemente no puede fructificar de manera satisfactoria.

Por qué la poda primaveral marca la diferencia

La intervención de poda en primavera cumple una función que va mucho más allá de lo estético. Al eliminar ramas cruzadas, chupones y el exceso de vegetación, se consigue que la energía del árbol se redirija hacia donde realmente importa: la producción de fruto.

Además, una copa bien aireada reduce considerablemente la humedad acumulada entre las ramas, lo que disminuye el riesgo de enfermedades fúngicas que pueden comprometer tanto la floración como el desarrollo posterior de las aceitunas.

La ventana clave: antes de que termine abril

El momento no es arbitrario. Los expertos señalan que la poda primaveral del olivo debe completarse antes de finales de abril, un plazo que responde a la biología propia del árbol.

A partir de mayo, el olivo entra en plena fase de floración. Intervenir después de ese punto significa interrumpir un proceso ya en marcha, con el consiguiente impacto negativo sobre la futura cosecha. Actuar antes, en cambio, permite que el árbol se recupere y se prepare en condiciones óptimas.

Qué ramas eliminar y cuáles conservar

No toda poda es igual de eficaz. Para obtener buenos resultados conviene tener claros algunos criterios básicos:

  • Ramas cruzadas o que se rozan entre sí: generan heridas y dificultan la circulación del aire.
  • Chupones verticales: consumen gran cantidad de savia sin aportar producción.
  • Ramas secas o dañadas: son focos potenciales de infección que conviene retirar cuanto antes.
  • Exceso de vegetación en el centro de la copa: impide la entrada de luz, que es fundamental para que se formen los brotes fructíferos.

El objetivo final es lograr una copa equilibrada, con buena ventilación y una estructura que permita al sol alcanzar todas las zonas productivas del árbol.

Cuidados posteriores a la poda

Una vez realizada la intervención, el trabajo no termina ahí. Es recomendable aplicar una pasta cicatrizante en los cortes de mayor tamaño para proteger la madera expuesta frente a posibles infecciones o plagas.

También conviene aprovechar este momento para revisar el estado general del árbol: comprobar si necesita un riego de apoyo, valorar si sería beneficioso un aporte de abono equilibrado y observar si existen señales tempranas de alguna enfermedad que convenga tratar antes de que avance.

Una práctica rentable a largo plazo

Podar un olivo frondoso pero improductivo puede parecer una tarea menor, pero sus efectos se sienten durante varios años. Un árbol bien gestionado produce cosechas más regulares, de mayor calidad y con menos esfuerzo en los ciclos siguientes.

La clave está en no dejar pasar el tiempo. Antes de que abril llegue a su fin, el olivo todavía está a tiempo de recibir la atención que necesita para rendir al máximo en la próxima temporada.

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